JARDINES HISTÓRICOS

En el momento actual, tras los meses de confinamiento, todos estamos deseosos de disfrutar  de todo aquello que nos ofrece el ocio urbano: las terrazas, los jardines, los conciertos, los  museos, los cines etc. A lo largo de todas las épocas, las gentes de los distintos estamentos y clases sociales han disfrutado del ocio que ofrecían los distintos establecimientos y espectáculos públicos y privados. Pero, en este artículo, queremos hablar de una forma de entretenimiento que proliferó a lo largo del siglo XIX, y que bien podríamos considerar el antepasado de los parques de atracciones o los parques temáticos. Nos referimos a los  Jardines de Recreo decimonónicos. Se trataba de zonas verdes y ajardinadas que se abrían en ciertas épocas del año: primavera y otoño. Ofrecían la posibilidad de pasear y disfrutar de los espacios verdes en el  contexto de unas ciudades cada vez más afectadas por la industrialización, y además se podía asistir a conciertos, representaciones teatrales, espectáculos de circo y bailes. También  disponían de cafés, restaurantes e incluso Rías o lagos para pasear en barca.

Hasta el siglo XIX los jardines eran patrimonio exclusivo de las clases acomodadas, pero a partir de éste siglo, producto de los cambios políticos y sociales que se produjeron en Europa, proliferan los Jardines y Parques de Recreo. Éstos vendrían a ser la versión española del Pleasure Garden inglés y del Parc de Loisirs francés, todos ellos espacios urbanos creados en la nueva ciudad moderna para la comercialización del ocio cívico.

Los primeros jardines de recreo aparecieron en Londres a finales del siglo XVII, pero se popularizaron  en la segunda mitad del siglo XVIII, siendo Vauxhall en la orilla sur del Támesis y los jardines de Ranelagh en Chelsea, los más célebres. Los jardines de recreo ingleses se especializaron en la programación de entretenimiento de alta cultura, sobre todo en música. Aunque, a mediados del siglo XIX, se volvieron mucho más mundanos y socialmente más diversos para competir con otras formas emergentes de entretenimiento. Éstos fueron el modelo para diversas ciudades de Europa y Estados  Unidos. Un ejemplo de ello es la mención específica al jardín de Vauxhall en Londres que hace Ramón Mesonero Romanos en un artículo publicado en mayo de 1836, en el que proponía la transformación de los jardines reales del Retiro en un moderno jardín de recreo.                           

Los primeros jardines de recreo en el continente se abrieron en París en la segunda mitad del siglo XVIII, se los denominó como vauxhall d’ été, en referencia a su origen inglés, pero pronto los franceses cambiaron su nombre a Jardin de Loisir. Un ejemplo de estos jardines franceses son los de Tívoli, inaugurados en París en 1766. A diferencia de los ingleses, los jardines franceses incluyeron espectáculos tan populares como las atracciones mecánicas, los acróbatas o los magos. 

En España los primeros Jardines o Parques de Recreo se abrieron hacia 1834. Mariano José de Larra, en un artículo publicado en la Revista Española nº 20, el  junio de 1834, dice lo siguiente a este respecto: 

“He aquí una clase de establecimientos planteados varias veces en nuestro país a imitación de los extranjeros y que, sin embargo, rara vez han prosperado. Los filósofos, moralistas, observadores, pudieran muy bien deducir extrañas consecuencias acerca de un pueblo que parece huir de toda pública diversión. ¿Tan grave y ensimismado es el carácter de este pueblo, que se avergüence de abandonarse al regocijo cara a cara consigo mismo?…” 

Se construyeron una gran cantidad de Jardines de Recreo de distintos tamaños y con diversas dotaciones para la diversión del público, que eran frecuentados por las clases medias,   mientras que las clases más populares iban a los merenderos de las afueras, donde podían bailar al aire libre y no tenían que pagar entrada.