LA RENATURALIZACIÓN DEL RÍO MANZANARES 

                                 “La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra”

                                                                                          Gran jefe Seattle, de la tribu Suwamish 

A lo largo de la historia infinidad de pueblos han surgido y prosperado en las proximidades de los cauces fluviales. El río les abastecía de agua, les servía para para lavar, pescar, navegar, e incluso como basurero, puesto que a menudo se usaban para deshacerse de los desechos de los mataderos y las manufacturas. El río Manzanares no fue una excepción y aún hoy se pueden ver los restos de la Casa-Lavadero de Policarpo Herrera, que empezaron a funcionar en 1831 junto al puente de Toledo.

¿Cuándo empezamos a disfrutar del agua?. Hasta el siglo XVIII no se empieza a asociar el agua, tanto fluvial como marina, con la salud y  el ocio. Pero no será hasta el siglo XIX cuando, gracias a las luchas sindicales, los trabajadores consiguieron una reducción de jornada laboral y surgió el concepto de “tiempo libre”, el cual ya no era exclusivo de las clases altas. Aparecen entonces fenómenos como “el veraneo” y “el dominguero”.

Muchos pintores de finales del siglo XIX muestran en sus obras estos fenómenos, como es el caso del postimpresionista Georges Seurat, que nos enseña cómo pasan los parisinos la tarde del domingo en la isla de la Grande  Jatte del  río Sena. 

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, Seurat, 1884 

Con el crecimiento urbanístico de las ciudades industriales y la incorporación del tráfico a las mismas, los ríos urbanos se canalizaron e incluso se modificaron sus caudales por medio de exclusas. Este fue el caso del Manzanares, un río de escaso caudal al que Lópe de Vega, le dedicaba elogios como: «Manzanares Manzanares, ese arroyo aprendiz de rio». Y no fue el único en subrayar esta condición, muy acertado estuvo también un embajador alemán al asegurar que era “navegable en coche o a caballo”. El posterior aumento del nivel de las aguas posibilitaría la práctica de actividades deportivas tales como remo y piragüismo.

¿Sabías que en los años treinta hubo una piscina en la isla del río Manzanares?. Se llamó “la isla” y fue ideada por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto en 1931. Se trataba de un gran complejo con forma de barco que contaba con piscina interior y exterior, cafetería y zona de recreo,  estando ubicado a la altura del Puente del Rey. Fue destruida durante  la Guerra Civil y reconstruida durante la dictadura, funcionando hasta 1955, cuando se construyó el sistema de compuertas que interrumpía el río a su paso por el centro de la ciudad, estancándolo en una serie de piscinas.

 

Piscinas La isla 

En las últimas décadas, la tendencia a renaturalización de los ríos urbanos ha crecido, existiendo varios proyectos que avanzan con éxito en la recuperación y conservación del río como corredor ecológico a su paso por las ciudades. Estas nuevas políticas ecológicas ven el río como un eje de transformación de la ciudad. Una de estas acciones es la llevada a cabo en 2016 por el Ayuntamiento de Madrid, cuando decidió abrir las compuertas que retenían el agua del río, provocando que volviese a crecer vegetación baja y árboles en su cauce, mejorando la calidad del agua y, con ello, recuperar la diversidad biológica. Es decir que el agua del río sale más limpia de su paso por la ciudad urbanizada.

El 20 de junio de 2019, desde ENTREsijos coordinamos una acción de ciencia ciudadana con 40 mediadores y 600 voluntarios para el análisis del ecosistema del río Manzanares. Dicha acción formaba parte del proyecto Riología Estrategias empáticas en tiempo profundo de la artista Robertina Šebjanič, desarrollado en Matadero Madrid.

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Si quieres saber cómo se mide la salud de un río os invitamos a abrir la siguiente imagen